viernes, 27 de agosto de 2010

La Gira de la Victoria en el Distrito 5

¡Hola, tributos!
La Gira de la Victoria ya ha llegado al Distrito 5 y lo celebraremos a lo grande con los capítulos 17, 18, 19 y 20 de Los Juegos del Hambre. Para los que no han podido leer aun los resúmenes de los capítulos anteriores, pueden revisarlos en el Distrito 1, Distrito 2, Distrito 3 y Distrito 4. Bueno, empecemos ya, que Effie Trinket nos recuerda que hoy "va a ser un día muy, muy, muy importante".

CAPÍTULO 17

La explosión ha dejado tan mareada a Katniss que no puede mantenerse en pie, pero debe salir de allí cuanto antes, por lo que termina desplazándose a gatas y, luego, arrastrándose. Por si fuera poco, no puede oír y su oreja izquierda le sangra.

Cuando llegan los profesionales y ven lo que ha quedado de su pirámide de provisiones tratan de buscar algo que salvar, pero no hallan nada. Cato está histérico y el chico del Distrito 3 pagará con su vida el descontrol del tributo. Por la noche, cuando todos salen a cazar, Katniss hace un agujero en el suelo y se arregla de la mejor forma que puede para no congelarse con el frío que se siente.

Al despertarse, oye unas risas algo distorsionadas porque se está recuperando del oído derecho, pero el izquierdo no percibe ningún sonido. Es la Comadreja y rescata algunas cosas que le pueden servir de lo que antes era la reserva de los profesionales. Después de terminar su búsqueda se va rápido al bosque porque, al parecer, ha oído un ruido detrás de ella. Katniss espera, pero no sale nada ni nadie, por lo que decide que es el mejor momento para partir. No sabe dónde están los profesionales, así que elige la ruta del arroyo.

En el momento en que llega al lugar del primer encuentro con Rue ya es mediodía, pero ella no está allí, así que se sube a un árbol para esperarla. Sin embargo, las horas pasan y la joven no aparece, por lo que deja unas hojas de menta alrededor de su antigua fogata como señal de que estuvo allí y se dirige al lugar del tercer fuego.

La fogata está preparada, pero no ha sido encendida: algo tiene que haberle pasado a Rue en el camino desde el segundo punto. Debe buscarla, aun hay esperanzas de que esté viva. Empieza a moverse y escucha que un sinsajo canta las notas de Rue. La niña debe estar por ahí, así que repite la melodía para que las aves se la lleven y sepa de su cercanía. Entonces oye su grito y corre hacia ella: Rue está en el suelo del claro, atrapada por una red. La joven tributo alcanza a gritar el nombre de Katniss antes de que una flecha la atraviese.

CAPÍTULO 18

Katniss no espera a que el chico del Distrito 1 saque la lanza y le dispara. Su muerte es rápida.

El estado de Rue no es bueno: la lanza se le ha clavado hasta el fondo del estómago. Katniss sabe que no puede hacer nada y la niña le pide que la acompañe y le cante. La cazadora no sabe muchas canciones, pero recuerda una nana muy fácil y esperanzadora y la canta con todo su corazón hasta el final. Los sinsajos hacen eco de su voz y, allí, al lado de la que fuera su última compañera, Rue muere. La ve tan débil, tan pequeña, que no puede evitar sentirse furiosa contra el Capitolio. Así, sintiéndose impotente, es que entiende el significado de lo que le había dicho Peeta en el tejado, de demostrarle al Capitolio que no le pertenecen. No le importa desafiarlos, coge unas bellas flores y decora el cuerpo de Rue.

Cuando va a subir a un árbol, cae un paracaídas con un regalo; lo reconoce al instante gracias a las lecciones de Peeta: pan del Distrito 11. Se siente muy agradecida y no lo oculta, sino que lo dice con la cabeza alta para que los del distrito de Rue lo sepan.

A la maña siguiente, siente el cuerpo muy pesado, pero debe encontrar alimento, así que trata de moverse. Caza algunos gransos y, a propósito, enciende la tercera fogata esperando que aparezca algún tributo, pero ninguno se asoma. Como no ha pasado nada interesante ese día, Katniss cree que pronto los Vigilantes encontrarán otra forma de juntar a los tributos, así que se tapa el oído derecho para no oír el himno y poder descansar. Pero, cuando escucha las trompetas, se sienta rápidamente: Claudius Templesmith anuncia que si dos tributos del mismo distrito quedan vivos al final, ambos podrán ser nombrados ganadores. Katniss no puede aguantar y grita el nombre de Peeta.

CAPÍTULO 19

Solo luego del grito, Katniss se da cuenta de la tontería que ha hecho; cualquiera podría saber dónde está. Analizando el actuar de Peeta en los Juegos, se da cuenta de que todo lo que ha hecho le ha favorecido e incluso salvado de la muerte.

Al día siguiente, se levanta dispuesta a encontrar a Peeta. No puede estar lejos de una fuente de agua, ya que esta es imprescindible para sobrevivir, así que, descartando el lago, se va al arroyo cerca del campamento de los profesionales. No está allí, pero la corriente de agua se introduce al bosque, por un terreno rocoso. Como no conoce ese lado del estadio, va por allí y encuentra sangre en las rocas. Se acerca al lugar, ve más sangre, pero no está él. Al decir su nombre en voz baja, Peeta le responde: se había camuflado con lodo y hojas verdes y Katniss había estado pisándolo. Después de lavarlo un poco y ver la herida, le aplica las hojas para la infección que le había puesto Rue a ella. Después de terminar de vendar la herida, Katniss le dice a Peeta que deben alejarse pero, como él no puede caminar mucho, se quedan en una cueva cerca de allí. Cuando ya están instalados, Peeta le empieza a hablar a Katniss de lo que quiere que ella haga si él muere; ella, para callarlo, lo besa.

Llega un paracaídas con caldo caliente.

CAPÍTULO 20

Peeta no quiere comer, pero Katniss lo convence. Por la noche ella se queda cuidándolo y tratando de bajarle la fiebre. La pierna del joven está más hinchada y tiene septicemia.
Ella le prepara una sopa y, a pedido de de él, le contó cómo había conseguido la cabra de Prim, pero cambiando la forma en la que consiguió el dinero.

Al terminar de contar la historia se oyeron de nuevo las trompetas: Templesmith invitaba a un banquete, pero agregó que lo que cada uno de los tributos necesitaba estaría en la Cornucopia. Si allí había medicina para Peeta, era la única forma de salvarlo. Él insistió en que Katniss no fuera y ella le hizo creer que no lo haría. Pero, gracias a otro regalo de Haymitch (jarabe somnífero), consigue dormir a Peeta para poder irse. “¿Quién era la que no podía mentir, Peeta?”

No olviden que las celebraciones de la Gira de la Victoria pasarán esta tarde a manos del Distrito 6. No se lo pierdan.

¡Nos leemos!

Ninguna llave

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